
Los congresos tiene dos cosas buenas: las actividades complementarias y la vuelta a casa. Digo esto porque, como casi todos sabéis, he pasado cuatro días en Málaga en el II Congreso Internacional de la AE-IC.
Los congresos,
en términos generales, están bien, sirven para reunir a los profesionales de un mismo tema, se les da la oportunidad de que se reafirmen en lo importantes que son para la sociedad, hay lugar para posicionarse, para reencontrar a antiguos amigos y colegas, ponerse al día de lo que han hecho los unos y los otros, desde la última vez que se vieron y comparar quien ha hecho cosas mas importantes en el tiempo en que no se han visto. También hay lugar para criticar, conspirar, trepar,....
Luego viene el capítulo de las comidas, recepciones y actos lúdicos varios, que irremediablemente te dejan el estómago hecho polvo para las siguientes dos semanas y por último la falta de sueño, amen de otros excesos, que te terminan de arreglar el cuerpo, dejándolo
muy perjudicao para los restos.
Entre las cosas buenas de este viaje, el homenaje que me dio mi amigo Luís Domingo, un chuletón a la piedra, con un buen cuenco de lechuga fresca y un estupendo vino de Ribera del Duero, también el reencuentro con mi amiga y colega Carmen Fuente, ex directiva de ONO y a la que no veía desde hacía mas de quince años. Lo peor, el ardor de estómago con el que volví a Madrid después de varios días cenando de riquísimas, pero indigestas, tapas malagueñas variadas y comiendo de pie en la Universidadde Málaga: pizza,
pescaíto frito, fiambre, embutido y hasta porra antequerana.
En fin, lo dicho, lo mejor de los viajes...la vuelta a casa.